miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ally Micuy, un programa del sector privado, demuestra que sin entregar alimentos se puede mejorar la nutrición infantil



 
Por Anibal Velásquez

La situación de la desnutrición crónica se muestra con resultados alentadores en el Perú, porque durante los últimos 4 años la prevalencia se ha reducido más de 10 puntos (28.5% el año 2007 se redujo a 18.1% el año 2012), en comparación con los años anteriores que permanecía casi invariable.
 
Esta importante reducción se puede atribuir a la reducción de la pobreza, la mayor inversión social en servicios de salud, en sistemas de agua y saneamiento, y al efecto de los programas sociales.

Sin embargo, aún miles de peruanos quedan discapacitados física o mentalmente en forma permanente debido a una inadecuada ingesta alimentaria durante los primeros meses de vida. La desnutrición afecta principalmente los primeros mil días de vida de los niños, y puede provocar daños físicos y cognitivos irreversibles que continúan en la edad adulta, y que afecta las próximas generaciones y el desarrollo económico del país.

¿Qué hacer para seguir con esta tendencia positiva de erradicar la desnutrición infantil y lograr una siguiente generación con mejor calidad de vida?

Ahora se conoce que no es suficiente el acceso a los alimentos adecuados de energía y nutrientes calidad, porque las prácticas de cuidado de los niños tienen importantes efectos en el estado nutricional del niño. Muchas veces los alimentos complementarios preparados por las madres o cuidadoras no se ajustan a las necesidades del niño, mostrando deficiencias en calidad y cantidad, y en ocasiones se los prepara, almacena y suministra en malas condiciones de higiene que provocan enfermedades diarreicas y deterioran la nutrición del niños.

La evidencia científica ha demostrado que las estrategias de consejería nutricional a través de los servicios de salud o por acción de personas de la comunidad o pares de madres son efectivas para mejorar las prácticas de alimentación y mejorar el crecimiento de los niños. Las técnicas que utilizan visitas domiciliarias con técnicas demostrativas de recetas de cocina y de toma de decisiones negociadas con planes de alimentación específicos han probado ser las más efectivas para mejorar la alimentación y el crecimiento de los niños. Es importante reconocer que sin modificar las condiciones económicas del hogar o de suministrar alimentos se puede mejorar la nutrición infantil.

La siguiente pregunta es ¿Qué hacer para desarrollar la consejería nutricional en nuestro país?

Existen múltiples iniciativas de mediana y pequeña escala desarrolladas por las agencias de cooperación internacional, sociedad civil y el sector privado que pueden tener la respuesta.  Estas experiencias han acumulado valiosas lecciones aprendidas sobre cómo cambiar los comportamientos de las madres y las familias que mejoran el cuidado y salud de los niños. Sin embargo, muchas veces estas intervenciones se pierden en la historia porque no siempre es posible expandirlas en mayor escala debido a que no tienen evaluaciones rigurosas o alguna sistematización que permita replicarlas.

Pocas veces tenemos la oportunidad de conocer en detalle sobre cómo implementar una estrategia educativa nutricional exitosa en ámbitos rurales de nuestro país. Agradecemos el esfuerzo de CARITAS por permitirnos entrar en el corazón de Ally Micuy, un programa exitoso, para darnos la oportunidad de replicar esta experiencia. Debo confesar que este documento ha despertado en mí la convicción que se necesita fortalecer la acción comunitaria con base en el ejemplo, esfuerzo y compromiso social de madres educadoras en nutrición con el fin de salvar vidas y erradicar la desnutrición para una siguiente generación más saludable y feliz.
 
El libro lo pueden encontrar en el siguiente link:

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